Llegó el final, se cierra el ciclo…

¿Cómo resumir 15 días?, ¿cómo terminar de contar lo que ha sucedido en el campamento? ¿Cómo describir las caras, el ambiente o la energía que existe cuando toca recoger e irse?
Al levantarse ese último día de campamento la mente vuelta y te hace ir hasta Octubre del año pasado. Puesto que para unos cuantos empieza ahí. Para que los acampados volvieran el 30, todo empieza en Octubre. Y es que no hay un final sin un principio y cuando acaba otro inicio surge.
Nada más sentarse a desayunar, instantáneamente regresabas 10 meses atrás donde se ha trabajado, reuniéndonos semanalmente para ir viendo todo lo que engloba un campamento. Algunos padres nos preguntaban cómo habíamos encontrado el sitio. Detrás de una instalación (que puede ser mejor o peor) hay una búsqueda que abarcó todo el norte de la península. Hemos hecho viajes relámpagos para ver las que mejor cuadraban. Pero no sólo eso, la publicidad, la gestión del campamento, las zonas de actividades, los autobuses, los seguros, los permisos, el material, las empresas con las que trabajamos… 7 meses de trabajo, para cuando sale la oferta esté todo. Y tras esto, las fichas, pagos, correos para arriba y para abajo. 3 meses más hasta que llega el inicio del campamento.
Los nervios porque todo empiece bien, la misma sensación que tienen nuestros acampados. Nervios por sus expectativas, por sus recuerdos, por como lo vivirán este año, por si hemos acertado o no. Si cada vez que nos reuníamos los equipos, lo que pensábamos estaba acorde con el grupo.
La emoción contenida de frustración cuando no ves que las cosas salen como tú tenías en mente, la rabia cuando las otras personas no hacen lo que tienen que hacer o no lo hacen con la misma intensidad que tú. Pero no pensando en ti, sino en cada uno de los acampados que disfrutará más o menos de cada una de las decisiones que se toman.
Mientras la mayoría de los acampados recogían para dejar el campamento mejor de lo que estaba, nosotros hacíamos lo propio. Y con cada mochila que cogías o parte del material que acarreabas, esta pesaba un poquito más de lo que pesaba al principio. Cargadas de todos los madrugones para preparar la actividad sin ser consciente de que hacía 3 horas que te habías acostado y que te quedaban otras 20 horas por delante. De los días eternos encaramados a una roca repitiendo la misma acción pero donde la diferencia la ponían cada uno de los chavales que hacían la actividad. Puesto que para cada uno la emoción era única. Daba igual que hubieras estado montando una tirolina, preparando una gymkhana, yendo a comprar los billetes o colocándote un gorro que te cortaba la circulación de la sangre. Cada mosquetón, cada pista, cada pase de tren o cada gorro de baño estaban cargados con todo el tiempo que hacía que lo habías preparado y con las sensaciones de llevarlo a cabo estuviera o no en la programación. Al colocar todo el material en la furgoneta esta se hacía más pequeña que cuando partimos.
Aun nos queda evaluar y poner en común. Pero mientras escribían en sus mochilas, sus cuadernos de despedida en aquella mañana, no podías frenar el evaluar ya para ti mismo al igual que hacían ellos. “¡Cuánta actividad hemos hecho este año!, ¡más que nunca!” “Ha pasado volando.” “Normal que hubiera días donde no pudiera con mi alma y tener que descasar una hora”. Pero aún con esas, tres días antes de marchar sentados en el comedor nos mirábamos y comentábamos: “¿Y si la vida fuera así?”. Disfrutar cada día haciendo y superándose. Compartiendo, expresándose, riendo, jugando, saltando al vacío en todos los sentidos. Si no fuera suficientemente duro 15 días, dentro de nosotros, los que amamos esta profesión y creemos en otro tipo de vida, soñamos con que fuera siempre así. Disfrutando de la naturaleza, jugando para aprender o aprendiendo con el juego… Estamos locos sí.
Pero llega el momento de cerrar y montar en el autobús. Las prisas por recoger, meter la maleta, buscar tu sitio, seguir escribiendo lo que falta, dejar por escrito algo que se tiene dentro para otra persona. Eso para ellos. Para nosotros era terminar de dejar todo perfecto. Que no se dejara nada abierto o sin recoger. Todo perfecto para poder salir con el autobús de vuelta. Y es en ese instante cuando lo ves todo vacío. La campa sin nadie, el comedor sin nadie, los baños sin nadie. Lo ves y tu mente se afana en darle la vida que durante un mes ha tenido. Imaginas de un lado a otro algunos peques corriendo, los mayores tirados, el tendedero lleno, la música… Pero ya no está. Se acabó. Una energía tan diferente encontrarte en esa campa tras irse los acampados. Una energía que hace que se parta un trocito de tu corazón y que inconscientemente tengas que cogerlo y dejarlo allí.
Algunos antes de tiempo se fueron, otros a mitad de camino y otros al llegar al destino. Carretera de Canillas. Allí vosotros, padres, madres, amigos, mascotas… recogíais a esa persona que llegaba. Abrazos, besos, despedidas, reencuentros en otras ocasiones. Y las palabras de algunos de vosotros que nos decíais: “es increíble ver cómo llegan, ver lo que conseguís en 15 días”. Quince días. Hay veces que no somos conscientes de todo lo que ha pasado para llegar a esos quince días. Al igual que al tratar con personas no vemos la globalidad de todo, muchas veces nos perdemos lo que engloba cada acción, cada sentimiento, cada actividad o cada 15 días de campamento.
Ya os digo que esto no está pagado. Un año de trabajo, de ganas, de ilusiones. Noches sin dormir, horas y horas de caminos, de estar frente al ordenador, de busca y buscar, de sufrir, de llorar y de reír. De querer dejarlo todo y de continuar con todo. Hay cosas que el dinero no puedo pagar. Hay cosas que no hace falta que sean pagadas. Hay agradecimientos, abrazos y frases que pagan con creces tu alma.
Bien pagados estamos cuando termina y la sensación que se tiene es única. El corazón hecho pedacitos y con huecos de todos los que se van, de tantas sensaciones. Pero recompuesta por cada uno de esos mini pedazos de todos vosotros.
Gracias por un año más. Aquí termina un año de trabajo. Toca descansar y disfrutar de lo que cada día os hemos dicho en este diario.
Disfrutad de ella, de cada instante y sed felices.
Feliz Día, Feliz VIDA.

EL CAMBIO DE LA EXTRAÑA RUTINA

Sale el sol por la mañana y todo parece estar como siempre. La dinámica se asienta en cada uno de nosotros y parece que hace un mes cuando empezamos (para algunos lo es). Esta extraña rutina de despertar con algo nuevo cada día se instala y hace hoy parezca un día más.

Y así es. Canciones para despertar. Los Pedianos con seres primitivos emitiendo sonidos que no entendían pero que a fuerza de constancia guiaban al grupo de un lado a otro hasta llegar al comedor. Los Meyores hacían lo mismo, pero como el día de ayer. La misma cara de dormidos, el mismo paso lento. El mismo tono de voz.

Nada más terminar los Pedianos se introdujeron en una mañana llena de actividades donde prepararse para buscar el “Arca de la Felicidad”. Poco a poco se fueron disfrazando, jugando, realizando actividades que buscaban sacar una sonrisa en cada uno de ellos. Por otro lado los Meyores aprovecharon para terminar las ligas jugando las semifinales y finales que duraron la mitad de la mañana. La otra mitad la pasaron en la piscina. Esta vez era el último baño, la última vez que se colocaban ese gorro que tantos sentimientos encontrados les provocaban.

Al llegar al comedor, de nuevo la canción, de nuevo la comida y de nuevo el tiempo libre.

Esta vez, el tiempo libre fue diferente. Monitowers, acampados meyores y pedianos, todos juntos, se batieron en la pista de deporte: baloncesto y fútbol. Una hora en la que se vio lo mejorcito de los acampados y lo mejor de unos Monitowers que no se guardaron nada, lo dieron todo.

Si ya con este tiempo libre algo estaba cambiando al llegar la tarde la energía iba poco a poco siendo diferente. Los Pedianos eso sí, seguían a lo suyo; con una gymkhana que les hacía estar de un lado al otro del campamento, no notaban para nada el cambio que se estaba produciendo. Para los Meyores, la tarde empezó preparando actuaciones de por la noche y con un dinámica en donde expresar aquello que llevan dentro.

Muchas veces, al estar tanto tiempo delante de un ordenador, en material, preparando actividades, yendo a por una cosa o a por otra… el día a día o ciertas actividades me chivan lo que pasa para  que pueda completar y escribiros estas líneas. Pero hoy, mientras recogía material vi a los meyores en círculo, aplaudiendo de vez en cuando. Al acercarme escuché atento que iban diciendo uno a uno.

La dinámica, de ofrecer al grupo una parte de sí mismos (comentando algo malo y algo bueno) poco a poco iba transformando esa rutina en lo que tocaba y que tan próximo estaba. Comentarios que resumían años en Venture, que resumían el campamento, que se centraban en algunos aspecto y en transformaciones personales, agradecimientos, sueños, deseos…

No soy tan buen escritor para haceros llegar cual es el sentimiento que producen tales palabras. No por las mismas, sino por como en 14 días los acampados llegan a pronunciar tales frases. La confianza, el respeto, la ilusión, las ganas, las emociones que todo el equipo de Monitowers ha conseguido aflorar en ellos y en el grupo. Ya os digo (aunque lo digáis en los comentarios) que no soy tan buen escritor. Pero lo que os aseguro es que estando de pie, en silencio dentro de un momento tan solemne viendo expresarse a los chavales y los ojos húmedos o con lágrimas de los compañeros, son de los momentos más intensos que se pueden vivir y que hacen que la garganta se encoja, el pecho se apriete y los ojos envidiosos quieran también expresar lo que el corazón siente.

Tras ese momento tocaba cenar y preparar el “Talent Show” de la velada. Y así fue. Uno a uno fueron saliendo, demostrando lo que sabían hacer. Canciones, bailes, representaciones, malabares o chistes. Todo tenía cabida. Es lo más maravilloso. Da igual si se hace mejor o peor. El compartirlo ya es suficiente para llevarse una ovación cerrada del resto de compañeros que allí nos encontrábamos. Actuaciones que iban combinándose con música para mover el cuerpo. Así hasta que las 12 dieron en el reloj y los Pedianos se fueron a dormir. Meyores aguantaron media hora más para irse a leer el último buzón del amor. Poco a poco de la rutina extraña el día cambió y los acampados conscientes de ser la última noche se fueron abriendo más y más.

El campa se cierra. Un ciclo más. Un año más. Para cada cual empezará otro ciclo, el suyo. Igual es lo más bonito de esta vida: abrir y cerrar ciclos de una forma natural. Esperemos que lo sigan haciendo y que en cada uno, al igual que en el campamento, haya un aprendizaje. Es la mejor forma de crecer.

Feliz Noche. Feliz Día y Feliz Vida.

PD: Cuando lleguemos a Madrid prometemos poner todas las fotos que faltan

NATURALEZA EN ESTADO PURO

Si durante 8 meses hemos buscado por Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco y hasta la zona de Huesca y Navarra para encontrar instalación, fue por intentar encontrar unas instalaciones con el mejor entorno.

La zona de escalda, barranco, rafting, cueva daba la posibilidad de disfrutar del entorno y disfrutar de los paisajes que estos nos dejaban. Pero aún queríamos que disfrutaran y vieran uno de los mejores espectáculos que la naturaleza puede ofrecer. Y eso se encontraba muy cerquita de donde estábamos. Un poquito más al norte. Allá la montaña y el mar se dan la mano durante kilómetros y kilómetros para trasladarte a lugares de ensueño.

Y allá que fuimos. A las 7 de la mañana la música se hacía eco entre las tiendas para despertar del profundo sueño. Un madrugar que tenía su sentido. Aprovechar el máximo de tiempo el poco tiempo que el cielo tenía a bien darnos. Ya que durante días estuvimos atentos a las web meteorológicas que iban variando y nos hacían cambiar la programación para ajustarnos. No solo la programación, sino la concina, autobuses y a nuestro técnico de cuerdas. Hay veces que disfrutar del paraíso tiene su dificultad.

Pero allá que se levantaron y aunque medio despiertos medio en sueños, desayunaron y terminaron de hacer la mochila para montarse en el autocar que nos llevaría a la Playa Griega. Dos horas de autobús que merecieron la pena para bajar y contemplar el mar cantábrico. Pero el espectáculo no estaba en el oleaje, sino en la costa verde. Bosques de eucaliptos y helechos que contrastaban con su verde el tono azul del mar.

Una playa en donde el río muere tras su largo caminar y que divide la playa en dos. A esas horas de la mañana la marea aún baja, hacía que la playa se extendiera no solo en anchura sino en profundidad.

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Tras dejar el campamento emplazado en la arena y en una posición buena, todos fueron en pos de las olas sin importar mucho la temperatura del agua (que para ser el cantábrico hay que decir que no estaba muy fría. No estaba caliente pero tampoco demasiada fría, cosa que se agradecía). Allí dentro, cercado por monitores que hacían las veces de boya, los meyores y pedianos disfrutaban de las olas que rompían contra ellos o metros antes haciendo que volaran por segundos o que se revolvieran. Sea como fuere, tras salir, una sonrisa una y otra vez aparecían en sus caras.

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Prácticamente hasta la hora de comer estuvieron en el agua. Alternando con saltos, castillos, juegos de palas o momentos para broncearse en aquel sol asturiano.

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Poco tardaron después de comer en volver y sin tiempo que perder, en cuanto tuvieron la aprobación de los monitores para meterse, allá que fueron. Juegos en la sombra de las carpas que habíamos llevado, enterramientos de monitores, fortalezas en la arena, carreras, lucha, malabares, los pedianos fueron a visitar las huellas de dinosaurios, helados y refrescos… Todo aquello que la playa hace que sea propicio para ello.

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Sobre las 6.30 y después de 8 horas de playa era turno para recoger, limpiar aquella campa de arena fina que nos había alojado y tomar el camino del zorro de vuelta a casa. Un día repleto de actividad dentro y fuera del agua. Una sensación que solo se puede describir estando en un lugar tan mágico como en el que nos encontrábamos. Os invitamos a acercaros para disfrutar como lo han hecho (si aún no habéis estado por las playas del norte y en esta en concreto).

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Se dice pronto el haber estado meses preparando este día (que hubieran sido dos), haber estado medio desvelados 3 noches antes viendo y cambiando programaciones, el haber movido tanto para 8 horas. Nadie sabe el trabajo que hay detrás de todo esto, pero el simple hecho de estar ahí con ellos y sentir la energía que se desprende, la alegría, sus juegos, sus caras… compartir eso bien vale la pena.

Ya nos despedimos por hoy. Como si de un maravilloso sueño se tratara, aquí os dejamos estas pequeñas líneas por si pueden acercaros a este mágico día.

“Los paisajes, la tierra, los ríos, las montañas y los bosques es un legado de miles de millones de años. Nosotros solo hemos de cuidarla los pocos años que estamos en ella. ¿Cuál será tu legado?”

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Feliz Día, Feliz Vida.

¡DÍA DE CAMPA!

¡DÍA DE CAMPA!

Duodécimo día de campamento y la mañana fresca se despertaba al tiempo que el sol calentaba y las primeras canciones se dejaban escuchar por toda la campa. Después de 5 días consecutivos de actividad intensa era hora de descansar y estar inmersos con el grupo en actividades propias de cada grupo.

Así, Meyores continuaron con sus ligas, terminando ya las jornadas regulares a falta de las semifinales y finales. La mañana transcurrió entre sanas disputas por conseguir esos pocos puntos más, pero sobretodo, disfrutando de cada juego por el simple hecho de compartir jugando.

Tras el momento comedor y su posterior tiempo libre de descanso, de seguir con sus dinámicas (ya sea escribiendo cartas, compartiendo anécdotas, juegos, intimidades o los pequeños desvaríos propios de su edad) y el momento de volver a la actividad; comenzó la tarde para el grupo con la preparación y ejecución de un lipdub (este ya os lo mostraremos cuando lleguemos a Madrid – ya que aquí la conexión es limitada-, pero prometemos subirlo). Un video hecho por ellos y que recopila los mejores momentos, su día a día dentro del campa, aderezado con música. Cuando lo colguemos no os lo perdáis.

Tras este, una gymkhana acuática, la cena y la preparación de la mochila para el día siguiente.

Con los Pedianos la mañana, casualmente, nació igual. Pero pronto se desmarcó yéndose el grupo a la piscina para disfrutar el día que calentaba más y más a medida que el medio día se acercaba.

Después de comer el arte se apoderó de ellos. Con los cuerpos como lienzos, las manos como paletas y pinceles, se embarcaron en pintar a los compañeros y expresar aquello que tienen dentro y plasmarlo. No había una indicación, ni patrón. Sólo la creatividad y las ganas de llenar de color la tarde. Así, salieron cuadros realmente preciosos.

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Más tarde emprendieron el camino hacia una gymkhana donde pasar pruebas y más pruebas. Y con los últimos rayos del sol, tras la cena, se embarcaron en una maravillosa velada de relajación. Donde muchos llegaron a conectar profundamente con las palabras que la Monitowers lanzaba. Algunos llegaron a quedarse dormidos, otros a llorar de emoción y otros a estar en un estado idóneo para el descanso.

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Aunque la mayor parte del tiempo de los campamentos Venture sea actividad y aventura, siempre hay tiempo para conectar y relajarse. He aquí un día tranquilo.

Dar la gracias a todas aquellas personas que comentan el diario y dan a “me gusta” o nos siguen o comparten para que más gente pueda seguir. Gracias de corazón. Pondremos más fotos en facebook cuando lleguemos a Madrid que no estamos tan limitados y con más cobertura.

Feliz día y Feliz Vida.

RAID Y NOCHE EN EL MUSEO.

Después del día de ayer, hoy domingo (y hace falta mirar el calendario porque se pierde la noción del tiempo), los acampados se levantaron sin saber lo que se les venía encima.

Tras el desayuno y la revisión de tiendas correspondiente, los Pedianos fueron los primeros en lanzarse a la aventura de completar el Raid en el menor tiempo posible (y con suerte, lo más secos posibles).

Un circuito que constaba de 12 postas entre las que se encontraban 6 pruebas a cada cual más complicada: coger monedas con la boca dentro de un barreño de agua, orientación para conseguir puntos, puente mono o la más difícil de todas, atravesar el río Porma subidos en un cámara de camión y a contracorriente (“El neumático loco” se llamaba).

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Todos los equipos llegaron hasta el final (unos con todos los integrantes y otros con menos) pero no todos pasaron el río sin mojarse. Unos cuantos tuvieron que seguir el raid con las zapatillas mojadas o con el bañador empapado. Es lo que tiene un Raid. Ya os decimos que no era sencillo y un servidor así lo suscribe. Pero sin duda fue una de las actividades que más les gustó.

En poco más de 2 horas la mayoría de los equipos fueron capaces de llegar hasta el final.

Los Meyores tuvieron la ocasión de realizarlo por la tarde, pero antes de comentaros qué es o que pasó, por la mañana siguieron con el campeonato deportivo que a punto está de llegar a su fin.

Tras la comida, era su turno. Parecido al Raid de los pedianos, los mayores tenían el hándicap de recorrer más distancia, tener 2 postas más y una mayor dificultad en las pruebas. De hecho, a parte del neumático loco, debían orientarse de forma exacta, realizar lanzamientos con precisión o construir por ellos mismos un puente mono. Todos los grupos terminaron también el raid pero había pruebas por las que no todos pasaron puesto que por decisiones, tiempo o estrategia de equipo, así lo decían

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Mientras los mayores sufrían, los Pedianos disfrutaban de un buen chapuzón y más que merecido. Allí disfrutaban ajenos a lo que por la noche los Meyores les tenían preparado. Puesto que la Velada de esa noche estaba patrocinada por los Meyores. Durante una semana la habían diseñado, preparado y esa noche la ejecutaban para disfrute de acampados y monitores.

Y vaya si la disfrutaron. Como bien reza el título (“Noche en el museo”) las instalaciones se transformaron en un museo que albergaba las mejores obras de arte: El grito, Las meninas, El discóbolo, El pensador, La Gioconda… Pero como en toda Velada no todo es disfrutar sino que algo terrible había pasado. Una de las meninas había desaparecido. Así que los Pedianos y sus monitores tuvieron que realizar pruebas tematizadas en cada obra de arte para conseguir pistas y así hallar a la menina que faltaba.

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Una maravilla de Velada que hizo disfrutar a todo el campamento. ¡Grande esos Meyores y ese equipazo de monitowers que lo hicieron posible!

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Todo cabe en un campamento y aunque parezca mentira, después de años y años de juego, la imaginación no tiene límite. Éste solo está allá donde nosotros lo pongamos.

Feliz Día y Feliz Vida.

¡CAMARERO! ¿QUÉ?… ¿UNA DE ARROZ?… ARROZ CON EL CORAZÓN….

Y llegó el día. Como cada año y si de una peregrinación se tratara, se acercan al campamentos nuestra tan queridas visitas desde todos los puntos del país (la mayoría de Madrid, es verdad… pero se van sumando adeptos de otras comunidades y da gusto ver paisanos extremeños o gallegos o murcianos).

Madres, padres, tías, tíos, abuelas, abuelos… vinieron a pasar la mañana con los acampados (hay que decir que estando en el norte de León, algunos han aprovechado para escaparse un fin de semana ya). Pero esta mañana, 25 de julio, estaban con nosotros.

Han conocido a todo el equipo de monitowers  que han estado desde que empezó el campamento y, aunque a muchos ya nos conocen de otros años, hoy nos ponían de nuevo cara. También a las nuevas incorporaciones a esta gran familia. En suma, a todas las que durante tantos meses hemos estado trabajando y dándolo todo, sin parar, para poder hacer estos 15 días.

Finalizadas las presentaciones, las visitas han podido ver y comprobar en sus propias carnes las actividades  de los peques. En Aviados, cerca de la Vecilla como ya os pusimos en un post, han podido realizar las actividades de Tirolina y Rápel (ambas las de peques –cierto es que si hubiéramos puesto la grande igual se lo hubieran pensado alguna vez más que las que de por sí se pensaron). También disfrutar del tiro con arco, la piscina, ver las instalaciones o andar por el quiosco tomándose algo. Desde aquí os pedimos, que si tenéis fotos de la actividad y queréis compartirlas, os lo agradeceríamos.

Después de la comida, compartimos una sobremesa de baile y canciones jugando al siempre atrevido: Furor. No os digo más: “lo dieron todo”. Cantaron, rieron, bailaron, gritaron “tongo”, hicieron trampa… Todo. Pero consiguieron que disfrutáramos de una velada preciosa jugando todos juntos.

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Con ella llegamos al final y la verdad que con tristeza (algunos peques más que otros. O eso o saben fingir muy bien el llorar a moco tendido). Pero el ritmo del campa no puede parar y todavía quedan muchas sorpresas.

Ya que nada más iros, los meyores tenían parque de cuerdas y los pedianos se las pasaron con el agua y jugando al jungle speed. Y por la noche, tuvimos nuestra supervelada de terror. Que este año ha sido más cluedo que terror puesto que tenían que descifrar que pasaba y quién era el culpable de matar a todos los acampados… (ah no, ese es otro cuento). Tenían que descifrar que es lo que había ocurrido y llegar hasta el final.

Y tras ello, dormir para mañana que seguro algo nuevo llegará y el ritmo tiene que aguantar hasta el Jueves .

Espero que vosotros también disfrutéis de la Vida y daros las gracias por creer en Venture otro año más o por confiar en Venture este año.  Gracias de corazón.

¡Lo mejor de lo mejor!

Y si aún creíais que no podía haber más… pues sí, lo hay. Como si fuera el mismo día de ayer: misma hora de despertar, misma hora de desayuno, misma hora para coger la maleta, misma hora para coger el autobús… pero esta vez en dirección contraria. Esta vez, nos íbamos directos al río Esla. Otro de los ríos que bañan estas tierras leonesas.

En él, tres balsas del tamaño de una furgoneta nos esperaban para descender dicho río de una forma especial. De nuevo Pedianos y Meyores se dispusieron para otro día de aventura.

Por grupos, se enfundaron en un neopreno y se dividieron en grupos para convertirse en marineros para descender un río con sus rápidos, zonas tranquilas, curvas y saltos de agua.

Con la maestría de marineros en alta mar, cogieron los remos y emprendieron la marcha al ritmo del timón. Izquierda, derecha, un, dos, tres, izquierda de nuevo, más fuerte de derecha, paramos izquierda, todos dentro… órdenes y más órdenes que ejecutaban de forma eficiente y que hacían que la balsa se deslizara por el río como un pez.

Sin miedo afrontaban los rápidos con ganas de coger el siguiente cada vez que salían, hacían caballitos con la balsa como si de una bici se tratara, se balanceaban, o giraban 90, 180 o 360 grados por encima del río. En un momento dado se sumergían en el río abandonando la barca y eran rescatados por los compañeros que hacían de cuerpos expertos rescatando a compañeros caídos por la borda.

Así pedianos y meyores pasaron unos por la mañana y otros por la tarde. Al terminar, para muchos, esta actividad había sido una de las mejores (aún queda campamento para aventurarse).

Al llegar al campamento, cada uno de los grupos cenó y tras la cena, fueron pasando de posta en posta descubriendo qué y quiénes había en la feria medieval.

Hasta aquí puedo leer. El próximo día algo deparará el futuro desconocido, pero tratándose de Venture algo sorprendente será seguro.

Feliz Vida y que la disfrutéis.

PD: Sé que estáis esperando las fotos de estas dos últimas actividades. Pronto las colgaremos, no os preocupéis.